Capilla & Espacio

SACRISTÍAde la Catedral Basílica de Durango

Arte novohispano y liturgia en diálogo

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Historia y Estilo

Una Dualidad Fascinante

Sacristía Menor y Sacristía Mayor

La Catedral posee una configuración particular al contar con dos sacristías. La Sacristía Menor, históricamente destinada al revestimiento del presbítero, resguarda una carga simbólica profunda a través de su estatuaria. En este espacio aún en 1822 se encontraban dos imágenes de Cristo de gran relevancia: el Señor de Ocotán y el Señor del Mezquital. Esta última pieza vincula el recinto con los episodios más convulsos del siglo XVII; su mención en la rebelión tepehuana de 1616 la convierte en un recordatorio de los procesos de evangelización y resistencia en el norte de México.

El tránsito hacia la Sacristía Mayor o Sacristía de los Prebendados se inicia en la antesacristía, donde el fiel y el visitante son recibidos por la mirada de la Virgen de Guadalupe. Este lienzo, firmado por el célebre José de Ibarra, establece el tono de excelencia pictórica que define al conjunto.

La Portada de Cantera y la Cajonería de 1740

El acceso principal a la Sacristía Mayor es, en sí mismo, una obra maestra de la arquitectura en piedra. El marco de cantera, obra del cantero Luis Calia y Chinanca, se caracteriza por sus pilastras estriadas, una cornisa elegante y un friso decorado con formas indigenistas: síntesis perfecta de técnica europea y sensibilidad estética local.

Al cruzar este umbral, el salón se revela enmarcado por una soberbia cajonería de madera labrada, realizada en 1740 por los maestros carpinteros Lucas Nores y Juan Antonio Carreño. Esta pieza de ebanistería no solo cumple una función práctica, sino que otorga una unidad visual y una atmósfera de solemnidad al recinto, prácticamente inalterado desde 1822.

Texto curatorial: Museo de la Catedral Basílica de Durango · Arquidiócesis de Durango

Investigación histórica: Historiador José Alonso Martínez Barrios

Imagen introductoria
Arquitectura Sacra

Las Bóvedas de José Remigio Puelles

El discurso artístico de la sacristía culmina al elevar la vista hacia las bóvedas pintadas al temple, cuya autoría se atribuye al maestro iluminador José Remigio Puelles. El programa iconográfico se despliega en dos tramos que conforman uno de los conjuntos de pintura mural más ambiciosos de la catedral.

La Primera Bóveda presenta una compleja alegoría de las órdenes evangelizadoras que arribaron a la Nueva España. Santos, mártires y vírgenes orbitan alrededor de la Trinidad —Dios Padre y el Espíritu Santo— mientras en el centro destaca el Cordero de Dios sobre el libro de los siete sellos, referencia directa al Apocalipsis de San Juan.

La Segunda Bóveda se centra en la figura del Espíritu Santo, representado en su gloria y rodeado por las distintas jerarquías angelicales en actitud de alabanza perpetua.
Reliquias

Pintura Novohispana de Primera Línea

Las paredes de la Sacristía Mayor albergan una colección pictórica de primer orden. La permanencia de elementos como el gran crucifijo con cendal, los espejos de vestir con marcos de cornucopias y los lienzos de los grandes maestros permiten una inmersión auténtica en el ritual del revestimiento del obispo y los canónigos, tal como se ha practicado durante siglos.

Juan Correa · Vida de Cristo I

Juan Correa · Vida de Cristo II

Juan Correa · Vida de Cristo III

Juan Correa · Vida de Cristo IV

José de Ibarra · Virgen de Guadalupe

José de Ibarra · San Jorge

J. R. Puelles · Primera Bóveda

J. R. Puelles · Segunda Bóveda

Galería

Portada de Cantera
Cajonería de Madera Labrada
Primera Bóveda
Segunda Bóveda
Juan Correa · Vida de Cristo
José de Ibarra · San Jorge
Vista del Conjunto
Detalle Arquitectónico