VIRGEN DEL SORIANO
La Taumaturga de Querétaro





Intercesora en causas difíciles
Un altar con tres siglos de historia
En este ábside, el siglo XVIII contempló un retablo dedicado a San Pedro, símbolo de la permanencia de los papas romanos. Una escultura de San Pedro de casi dos varas, revestida de pontifical y coronada con la tiara papal, presidió el espacio durante generaciones.
A partir del 27 de marzo de 2026, el altar inaugura un nuevo capítulo: la veneración a la Virgen de los Dolores de Soriano. Su culto se consolidó en la misión de Santo Domingo de Soriano —en el actual Colón, Querétaro—, y llegó a la Catedral de Durango de la mano del X Arzobispo de Durango, Monseñor Faustino Armendáriz Jiménez, integrando el fervor popular del centro de México con el esplendor del presente catedralicio en el norte.
Texto curatorial: Museo de la Catedral Basílica de Durango · Arquidiócesis de Durango
Investigación histórica: Historiador José Alonso Martínez Barrios


El altar funciona como un santuario de reliquias de extraordinario valor. Los símbolos de la Pasión, labrados en la cantera del frontal, decoran el corazón amoroso de Jesús. En el edículo sobre el altar descansa una pieza de singular misticismo: el relicario con los restos de Santa Celestina, representada en escultura de cera dormida en quietud eterna, acompañada por un lacrimatorium que contiene la sangre de la mártir. Junto a ella, la reliquia de San Plácido. Ambas piezas son de manufactura italiana, testimonio del vínculo estrecho de la diócesis con el Vaticano y la tradición de los corpisanti que viajaron desde las catacumbas romanas.
Virgen de los Dolores de Soriano
Santa Celestina · Mártir
San Plácido · Reliquia
Cristóbal de la Jara · Maestro cantero
Agapito Medina · Maestro cantero

La Taumaturga de Querétaro






